pionentes!

Saturday 7/Apr/07

A perfect day for bananafish

Filed under: — marc @ 14:31

I still don't know why Seymour Glass killed himself
Se hartó de plátanos, se supone… y si no me creen, pregunten!

Ésta que es para tí, incierto lector, la primera de un sinfín de recensiones por venir, es la última de un proyecto que fue divertido durante un tiempo:

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Thursday 29/Mar/07

Uncle Wiggily in Connecticut

Filed under: — marc @ 22:55

GaloshesEstoy por agarrar el puto cuento que me imprimí, hacerlo trizas y luego pedacitos para comérmelo, y echarme a llorar también, desesperado de la obligación auto-impuesta de escribir sobre las historias que cuenta éste… éste perturbado.

¡Es que ya no sé qué decir que no se haya dicho ya! Diálogos vivos, magníficos, sí, la información a medias, de acuerdo, cosas aparentemente banales… y a la que menos te lo esperas, ¡bum! la carga de profundidad que te deja en estado de shock, tiritando en medio de la nieve, aplastado junto a Jimmy Jimmereeno…

Luego se podría hablar del sitio que ocupa ésta historia en el conjunto, y su relación con la família Glass: no sorprende que el único ser humano, además de Jimmie y Mickey, por el que sentimos verdadera simpatía –y que da título también al relato– sea el maldito Walt Glass, muerto en japón en un estúpido accidente con una estufa.

Pero todo ésto, queridos, no tiene que preocuparnos; no es, estrictamente, asunto nuestro.

“Gimme your glass,” she said.


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Monday 26/Mar/07

Justo antes de la guerra con los esquimales

Filed under: — marc @ 22:29

a photo by Francesca WoodmanEntre las niñas adorables había una que lo era especialmente, siempre lo fue: habíamos crecido juntos y habíamos ido observando con perseverancia y creciente interés el respectivo desarrollo. Éramos de la misma edad, ella un poco mayor, unos meses; de la misma altura, aunque quizá en ésa época ella fuese un poco más alta; éramos igualmente deportistas, aunque quizá ella se creyese un poco mejor al fútbol solo porque en una ocasión, en octavo, tras un partido de uno contra uno que casi duró las dos horas del recreo, ya fuera del tiempo reglamentario puesto que nos habían llamado para ir a clase, cuando íbamos empatados a 32, marcó un gol.

Éramos igual de buenos en alemán, a pesar de que pasáramos la mayor parte del tiempo escribiéndonos notitas a hurtadillas de la distraída mirada de Herr Ayuso, cogidos de la mano bajo el pupitre. Visto ahora, habiendo ya olvidado lo que nos quisieron enseñar y habiendo aprendido en cambio lo que no hubo más remedio que aprender, quizá lo mejor que sacamos de todo éso fue que prácticamente podemos escribir con ambas manos. Somos igual de ambidiestros; o quizá ella un poco más.

Alguna vez, estando de visita en casa de mi madre y sintiendo cierta melancolía de los tiempos de mi niñez, he tropezado con los libros de ejercicios del Deutsch für Junge Leute, o los Themen. Entre las preposiciones del dativo, entre aus, bei, mit, nach, von y zu hay unas notas que dicen: “En Marc és tonto”, o “la Marta ho és més”. Era nuestra torpe manera de decirnos que, a fin de cuentas, y muy a pesar nuestro, no sé si quizá un poco más ella o yo, nos queríamos.


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Monday 19/Mar/07

Final de historia

Filed under: — welpita @ 18:21

The Laughing Man Un grupo de niños, los comanches. El béisbol. Un líder. El jovencito responsable, gigante, perfecto a los ojos de los chicos. Fidelidades cortadas por una historia de amor. La mujer en escena. El hombre que ríe, el monstruo, relato dentro del relato. Y al final, cuando todo se acaba, un narrador, castañeando los dientes convulsivamente frente a la historia simulada del líder caído. El más pequeño de los comanche llorando en el autobús. Estúpida humanidad de emociones cruzadas. “El último gesto del ‘hombre que ríe’, antes de hundir su cara en el suelo ensangrentado, fue el de arrancarse la máscara”. El jefe de los comanches terminaba la historia.

Leer The Laughing Man.

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Friday 9/Mar/07

Down at the Dinghy

Filed under: — marc @ 20:50

BugleDifícil conseguir que el cuento sea tan odioso y racista como sus personajes, pero casi se logra…
Ya en el primer párrafo el narrador nos habla del Indian summer –equivalente al veranito de San Juan de Buenos Aires, al estiuet de Sant Martí catalán o el Veraniño de San Martiño gallego,– con claras connotaciones racistas: lo indio es corto, o extemporáneo.
Está la criada presumiblemente negra y la planchadora por horas –penosa representante de una clase empobrecida empeñada en conservar un pedazo de dignidad– que detestan a su muy judío dueño/empleador. Luego está ése niño, Lionel, asqueroso para todos menos ¡gracias a Dios! para su fea, feísima madre –imposible engañarnos y hablar aquí de jolie laide.
Y solo se me ocurre que el pobre Lionel, sea o no un Glass, tiene que ser por fuerza hermano avant la lettre de los gemelos del arrancacorazones de Vian: Noël, Joël y Citroën aunque, y es una lástima tener que decirlo, en bastante más aburrido.


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Sunday 4/Mar/07

With Love and Squalor

Filed under: — marc @ 14:00

Campbell's Clan TartanAl sentir a ése gamberro inocente que le resopla a uno en el cogote, o le da tan torpemente un beso, ¿cómo no pensar, aunque sea solo un momento, que quizá no estemos perdidos sin remedio? ¡No es posible! ¿Y ésa manera cómplice de tratar a los niños, no como personas taradas o incapaces, sinó como los tipos tremendamente sensibles que son!

Siento tener que ponerme –como el Marqués de Bradomín, feo, católico y– sentimental yo también, pero quien al leer este relato no haya sentido renacer un cierto rastro de algo parecido a la ternura, que sepa que es grave y, por favor, que se ponga manos a la obra para remediarlo.

Lástima no tener nada que decir al respecto más que ¡Oh maravilla!

ADIÓS ADIÓS ADIÓS ADIÓS ADIÓS ADIÓS ADIÓS ADIÓS ADIÓS ADIÓS AMOR Y BESOS MABC

Lean For Esmé - with Love and Squalor, lean… pero no se me quejen si se me enternecen, eh!

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Friday 23/Feb/07

pretty mouth and green my eyes

Filed under: — marc @ 10:18

- Señorita, necesito el número del hombre del pelo gris, haga el favor.
- Enseguida, Sr. No cuelgue.

Al cabo de un instante:

- Hola! ¿Sigue Ud. ahí?
- Sí, señorita, ¿lo consiguió?
- Perfectamente, ¿tiene con qué anotar?
- Adelante, diga.
- Nueve, tres, dos, cero, tres, dos, cero, seis, tres.
- Lo tengo, muchas gracias.
- A Ud. por llamar. Buenas noches… digo… que pase Ud. un buen día, Sr.

Aunque no siempre esté tan fantástico, sería maravilloso saber que a cualquier hora de la noche se puede llamar a Lee, el tipo del pelo canoso, y que no te la va a jugar te dirá lo que quieres oír. Puede que tu mujer te la pegue, es seguro que Salinger va a tratar de llevarte por sus pistas falsas, pero tener a alguien que descuelgue el teléfono y, cuando sea necesario, trate de ayudarle a uno a volver a la razón –que no deja de ser otro engaño más, éste el que nos hacemos a nosotros mismos–, éso, compañeros, es vital.

Una vez tuve un amigo que oyó decir que todos somos mamíferos, putos mamíferos. Quizá llevase algo de razón.

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El cuento, acá.

Friday 16/Feb/07

The mother fucker De Daumier-Smith

Filed under: — marc @ 17:18


Forgive Them Their Trespasses, Bambi Kramer

INT. BAR-BODEGA OSCURO - DIA

En medio de un menú fashionable en un barrio cool –antaño un barrio de verdad, peligroso y lumpen– de esta ciudad meridional de provincias con aspiraciones a metrópolis cultural, un tipo que ocupa una mesa en una esquina del local se saca con la mano izquierda las gafas de pasta con algo de forzada lentitud, mientras con la otra (afortunadamente tiene exactamente dos, lo que no deja de ser una ventaja en éste mundo tan parejo en el que nos tocó vivir) sujeta unas hojas de papel grapadas y dobladas en dos, y finalmente deja los anteojos encima de la mesa de contrachapado dis-se-ny y levanta algo la mirada, como si quisiera que viésemos resbalar una gota gordota y reluciente por su irregular nariz, aunque a pesar de que no estamos lo bastante cerca como para haberlo visto, sabemos con certeza que cayó en la taza de café –intacta desde que Josette la dispuso diligentemente en ése lugar con esmerada precisión– y más seguros estamos todavía de que el pobre tipo cayó a su vez en la trampa y la belleza de Saligner, la melancolía de sus personajes adolescentes, tarados de tan brillantes, ésos proyectos de personas que ineludiblemente fracasarán, lo sabemos, como el pobre tipo sabe, además, trágicamente, que no sólo ésos se hundirán en el menosprecio de lo mediocre para luego ahogarse en la intolerancia a la propia medianía, que sólo los santos son seres humanos conseguidos y vete tu a saber qué otras necedades cree saber, porque nosotros preferimos tener silla ya desde el minuto cero y practicar sistemáticamente, con pasión de hincha, el admirado avistamiento de fantásticos animales no ivernantes en éste Febrero primaveral: las atractivas jóvenes en falda corta –que, por supuesto, implícitamente nos invitan siempre a irnos con ellas a la cama cuando nos vaya bien.


Sigue Teddy. Elija su camino:
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El cuento aquí.

Friday 9/Feb/07

Teddy a la cazuela

Filed under: — marc @ 9:02

INGREDIENTES:

  • un jovencito brillante y excéntrico, de tamaño pequeño
  • una familia disfuncional corriente
  • un ‘primo’ insulso
  • unos puñados de espiritualidad brahmánica de salón
  • unos gramos de despiste salvaje
  • algo de glamour, cuanto más trasnochado mejor, a discreción
  • un trasatlàntico poco fresco

PREPARACIÓN:
Saltee a la familia de manera que sea fácil odiarla un poco; no olvide molerla para que quede bien fina. Pochee al jovencito en situaciones de potencial riesgo, pero no lo corte todavía. En un plato aparte, salpimiente a la niña para que expulse todo el encanto de una vez, y déjelo a un lado: nos servirá al final. Prepare un fondo a base de un sofrito con el ‘primo’ y la espiritualidad, de manera que pueda luego acabar de cocer al muchacho en él.

Tiempo de cocción: 15 minutos.

PRESENTACIÓN:
Disponga en un plato poco hondo a su Teddy tibio, en posición de decúbito prono, sumergido en una cama de salsa de arándanos, y espolvoree generosamente el encanto de Booper por encima. Simule rehogar al niño y preséntese de oídas solo.

Bon appétit!

El retrato de Teddy

Filed under: — welpita @ 8:01

Zapatillas blancas muy sucias, sin calcetines, pantalones cortos no sólo demasiado largos, sino también demasiado anchos en los fondillos. Un cinturón inesperadamente elegante, negro, de cocodrilo. Mirada inquisitiva, franca y pura. Ojos de un color castaño pálido, no muy grandes, levemente bizcos, el izquierdo más que el derecho pero no tan estrábicos como para desfigurarlo, no, porque su cara, aunque oblicua y lenta, transmitía la sensación de la verdadera belleza. Teddy tiene 10 años, la cabeza demasiado grande y el cuerpo demasiado pequeño para su edad, y tiene una hermanita muy bonita y unos padres bastante patéticos. A Teddy no le gustan los poetas, porque se toman siempre el tiempo tan a pecho y están metiendo sus emociones en cosas que no tienen ninguna emoción. Ahora y para siempre viaja en barco de Europa a Estados Unidos después de haber sido entrevistado por profesores de distintas universidades. Quizá sea un poco raro, seguro que lo es, pero parece de lo más normal, hete aquí la grandeza de los psicópatas, paranoicos o esquizofrénicos que pueblan el universo de Salinger: un niño prodigio que cree en la teoría veda de la reencarnación, que dice salir de las dimensiones finitas desde que tenía cuatro años, y haber tenido su primera experiencia mística a los seis. Recuerdo que era domingo. Mi hermana apenas era una criatura entonces, y estaba tomando la leche, y de repente me di cuenta de que ella era Dios y de que la leche era Dios. Quiero decir, que lo que estaba haciendo era verter a Dios dentro de Dios. Para Teddy el asunto es muy sencillo, el problema es que la mayoría de la gente no quiere ver las cosas como son ni siquiera dejar de nacer y morir a cada rato. Quieren tener siempre cuerpos nuevos, en vez de detenerse y permanecer con Dios, donde se está bien de veras. El final está anunciado. La reseña se podría llamar también La coherencia de Teddy o Las sorpresas de Salinger.