Que nadie se lleve a engaño. Si presumo de haber visto a las musas – cosa que decidirá el lector al final de esta crónica - es porque he ido a buscarlas.
Las musas vienen por lógica matemática – como más tarde explicará Roger - y, si se resisten, se modifica la dosis de cerveza. Todo lo demás pertenece al mito del artista abandonado. Basta ir a la terraza del hotel Illa d’or en la bahía de Pollença y pedir la primera. Si va acompañada con la lectura de algún tabloide inglés, las musas tienen formas bien definidas.
El puerto de Pollença sigue siendo un lugar idílico - a pesar de los mallorquines – y un lugar en mi memoria, allí pasé junto a mis abuelos algunos veranos de mi infancia.
Por estas fechas los hoteles de la bahía están repletos de compatriotas jubilados que vienen a aprovechar los últimos coletazos del verano. En la isla se encuentran multitud de sitios pensados para ellos, que tienen la ventaja de repeler a los españoles y, por tanto, lugares perfectos para refugiarse.
Que vengan a un lugar tan tranquilo como la bahía de Pollença puede parecer chocante cuando menos ya que no hay un solo pub en toda la bahía y el tiempo siempre acompaña. Pero todo tiene una explicación,si nos atenemos al pragmatismo británico, el puerto de Pollença es como un gran balneario donde se viene a coger fuerzas para el invierno. ¿Pueden ustedes imaginarse la vida sin un lugar digno donde refugiarse del mal tiempo? Un par de semanas con Estrella – forma parte de la terapia - y con la temperatura como si estuvieran todo el día metidos en el pub, les deja casi como nuevos para afrontar el duro invierno. Todo lo demás, horarios y costumbres, británicos. “Full english breakfast” con prensa incluida a las ocho, comidas a las doce y media, té a las cinco, cena a las seis y… estamos en España, el bar del hotel no cierra hasta las tres.
Entre comidas paseos, baños, siestitas en los bancos del passeig Colom bajo un pino y crucigramas. Actividades insulsas esperando a que abran el bar del hotel a media tarde, el único momento del día que se dan un respiro y se olvidan de la dureza de la vida en el mediterráneo.
Mientras me sumo a la terapia “una estrella, por favor”, leo una entrevista a Roger Penrose. Ya sé a que a muchos de ustedes no les suena absolutamente de nada este buen hombre. Roger es un Físico matemático que trabajó con Stephen Hawkings. El pobre Roger tuvo la desgracia de nacer sano y quedó eclipsado por Hawkings, aunque sus contribuciones a la física son tan importantes como la de su compañero. Su entrevista empieza con una provocación, “Steve es un científico más conservador que yo”. No está mal para uno tipo que desarrolló la teoría de los agujeros negros y que ha tenido varias “asistentas” con las que ha mantenido relaciones tormentosas a pesar de su enfermedad, que le tiene postrado en una silla de ruedas como un vegetal. ¿En qué estaba pensando cuando calificaba a Hawkings de “más conservador”?
Roger ya tiene más de 70 años y acaba de publicar “El camino a la realidad”, donde explica en 1400 páginas, y con todo lujo de “detalles” matemáticos, la física actual, haciendo un repaso histórico desde Arquímedes hasta nuestros días. Un ladrillo que no me pienso perder.
Leyendo a Roger tenía la sensación de que es un cliente típico de Illa d’or. En la foto aparece con una americana de lana a cuadros y esa sonrisa que sólo se adquiere dejando las cuestiones más espinosas de la ciencia para el pub. Me lo imagino en la barra del hotel por las noches con su americana, dando la espalda a la orquesta y con un gintonic en la mano. Y como si fuera un agujero negro, intentando atrapar a cualquier objeto en movimiento con la propiedad intrínseca o inducida de género “femenino”. No hay nada más sensual que a uno le cuenten el origen del universo en los estertores de la vida.
Reproduzco parte de la entrevista porque me parece lúcida y desmitificadora.
¿Cualquier cosa es posible en matemáticas, o hay mundos matemáticamente imposibles?
Los hay. Las matemáticas son nítidas: si formulas el problema de una manera precisa, te dicen con claridad qué cosas son posibles y cuáles no. El desarrollo de una idea matemática está constreñido por la lógica y por el imperativo de consistencia interna.” Eliminen la palabra “matemática” y verán que sigue teniendo sentido.
¿Es posible, entonces, que vivamos en el único universo matemáticamente consistente?
Lo que tenemos ahora son modelos del mundo que abordan satisfactoriamente algunas cuestiones, y otros que abordan otras. No podemos saber si son los únicos posibles. Una de las pretensiones más fuertes de la teoría de cuerdas [la aspirante actual más firme a la teoría del todo] era precisamente la de ser única, y eso es lo que la hacía tan buena para sus proponentes: que no se podía cambiar ninguna de sus partes. Pero esto resultó un error, porque ahora tienen tantas teorías de cuerdas diferentes que ya hablan de paisaje de teorías. Es increíble. Eso ha dejado de ser una ciencia, creo yo.” Como ven, en la ciencia también hay Pollocks.
¿Por qué?
La teoría de cuerdas ha alcanzado una gran profundidad matemática, y de hecho ha tenido ya una gran influencia en las matemáticas. Pero que éste sea un camino fiable para mejorar nuestras teorías físicas es cuestionable. Hay teorías que no dicen nada claro. La teoría de cuerdas dice cosas claras, pero no me las creo. No me puedo tomar en serio que el mundo tenga 11 dimensiones.
¿Qué pasa, es que Dios era un mal geómetra? Gracias Roger, no sabes el peso que me has quitado de encima.
Illa d’or es un hotel con una clientela fiel que viene año tras año por estas fechas, entre ellos me incluyo. Después de comer en la terraza junto al mar he pedido la llave mi habitación y me he echado una siesta con el arrullo del mar de fondo y la dulce espesura que transfunde un buen gintonic.