Siempre se van los mejores…
– Primero Bergman, ahora Antonioni… para cuando Oliveira, o… Coixet?
– Con la Coixet tendrás que ser proactivo: no te puedes sentar a esperar la acción del tiempo.
oído en el metro.
– Primero Bergman, ahora Antonioni… para cuando Oliveira, o… Coixet?
– Con la Coixet tendrás que ser proactivo: no te puedes sentar a esperar la acción del tiempo.
oído en el metro.

Portada de El Jueves secuestrada por el juez del Olmo por “injurias a la Corona”.
Hay quien opina que debería haber derecho a hacer portadas soeces, o quizá no debería haber Corona a la que injuriar. ¡Vaya país!
Si lo que querían es que no lo viese la gente, ahora va a salir en todos los medios
Albert Monteys, director de El Jueves
+ìnfo: en 20 MINUTOS, en LA VANGUARDIA, en ABC, en EL PAIS, AVUI y EL MUNDO, aunque la fuente parece ser EFE.
Se acerca el gran día de la entrada en la treintena de uno de los más destacados miembros de la comunidad pionente. Supongo que algunos recordaran sus 28 años y estarán pensando que sorpresas nos deparará sus 30.
No deseo alargarme mucho sobre las circunstancias del accidente que transformó mi vida. Fue durante la noche; yo estaba profundamente dormida debido a una gran cantidad de somníferos. Al despertarme, algo comatosa, cogí un cigarrillo para deslizarlo, con un gesto automático, entre mis labios. Era imposible. Se caía. No había nada que lo sostuviese. Sin entender nada me dirigí al espejo del baño. Y lo que vi reflejado era irreal: mi cara sanguinolenta no era más que un gran agujero. La nariz, los labios, la barbilla, la mayor parte de mis mejillas habían desaparecido. Me dije: es absurdo, imposible, no me acuerdo de nada, no puedo ser yo. La perra me miraba y lamía la sangre del suelo. Yo estaba hecha polvo, como ausente. Todo aquello no tenía ningún sentido, no era real. Cogí el teléfono para llamar a mi hija mayor. En cinco minutos había llegado, con mi madre y mi hija pequeña. Y en ese momento… fue una auténtica catástrofe. La pequeña gritaba. Comprendí que no estaba soñando, que era real: ya no tenía cara. Digamos que mi perra Tania -un labrador cruzado con beauceron que nunca había mordido- me arrancó la cara.
Isabelle Dinoire, la primera mujer que recibió un trasplante de rostro, relata su experiencia en EL PAIS del domingo.