Vindrà el dia que els catalans ho tindrem tot pagat
—Jo no porto bitllet, però sóc català.
El revisor al sentir que és català s’agenolla davant seu, li besa els peus i, fent-li una gran reverència, recull de terra les flors que cauen del rostre florit del comerciant i surt del departament amb un gran manat que li va caient pel camí. Tornem a quedar sols. En aquest moment, el tren passa per un túnel. Jo em preparo a defensar-me. El túnel és llarg, i el viatger no es propassa. Ho estranyo. Quan sortim del túnel, ell, fent-me una reverència tan profonda com la del revisor, me diu:
—Senyora, dispensi que no m’hagi propassat.
—Ja està dispensat —li responc jo.
Un gran silenci. Durant aquest silenci, medito i comprenc que el comerciant m’hagi demanat que el dispensés de no haver-se propassat, lo que no comprenc és perquè no s’ha propassat, més a més havent-me demostrat, al demanar-me dispensa, que sap —com tots els homes que han viatjat—que a l’anar en tren i al passar un túnel, quan se va sol al departament amb una senyora, hi ha l’obligació de propassar-se.
—Dispensi que no m’hagi propassat —torna a dir el meu company de viatge— però la trobo tan hermosa, que en comptes d’inspirar-me un amor carnal i passatger, m’inspira una passió elevadíssima i un amor ideal, que conec que serà etern.
La tardor barcelonina, Francesc Pujols, publicada per primer cop al Papitu el 1908.
No cal dir que ja teniu disponible La tardor barcelonina a Biblio.tk
También en español, sin pagar nada tampoco, a continuación:
—Yo no traigo billete, pero soy catalán.
El revisor al oír que es catalán se arrodilla ante éste, le besa los pies y, haciéndole una gran reverencia, recoge del suelo las flores que caen del rostro florecido del comerciante y sale del compartimento con un gran ramo que le va cayendo por el camino. Volvemos a quedarnos solos. En este momento, el tren pasa por un túnel. Yo me preparo a defenderme. El túnel es largo, y el viajero no se propasa. Me parece extraño. Cuando salimos del túnel, él, haciéndome una reverencia tan profunda como la del revisor, me dice:
—Señora, me perdonará que no me haya propasado.
—Ya está perdonado —le respondo yo.
Un gran silencio. Durante este silencio medito y comprendo que el comerciante me haya pedido que lo perdonara por no haberse propasado, lo que no comprendo es porqué no se ha propasado, más aún habiéndome demostrado, al pedirme disculpas, que sabe —como todos los hombres que han viajado— que al ir en tren y al pasar por un túnel, cuando se va solo en el compartimento con una señora, uno tiene la obligación de propasarse.
—Disculpe que no me haya propasado —vuelve a decir mi compañero de viaje— pero la encuentro tan hermosa, que en lugar de inspirarme un amor carnal y pasajero, me inspira una pasión elevadíssima y un amor ideal, que conozco que será eterno.
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Comment by El tocador de señoras
# Friday 4/May/07,
A mi una vez me cayeron flores mientras caminaba (pero ahora no lo contaré, ya lo explicaré más adelante).
Otra vez, cuando volvía a casa, me dejaron entrar gratis en el metro, aunque aún no era catalán (pero ahora no lo explicaré, ya lo contaré más adelante).
Lo que nunca se me ha ocurrido, ni me he permitido, es tocar a mis compañeras/os de viaje sin que ellas lo quisieran. Dejemoslo en que es una historia plena de humor de principios de 1900…
Que la religión de la ciencia catalanista guarde las buenas costumbres! Que me persigan los pétalos y el derecho a no pagar!