Justo antes de la guerra con los esquimales
Entre las niñas adorables había una que lo era especialmente, siempre lo fue: habíamos crecido juntos y habíamos ido observando con perseverancia y creciente interés el respectivo desarrollo. Éramos de la misma edad, ella un poco mayor, unos meses; de la misma altura, aunque quizá en ésa época ella fuese un poco más alta; éramos igualmente deportistas, aunque quizá ella se creyese un poco mejor al fútbol solo porque en una ocasión, en octavo, tras un partido de uno contra uno que casi duró las dos horas del recreo, ya fuera del tiempo reglamentario puesto que nos habían llamado para ir a clase, cuando íbamos empatados a 32, marcó un gol.
Éramos igual de buenos en alemán, a pesar de que pasáramos la mayor parte del tiempo escribiéndonos notitas a hurtadillas de la distraída mirada de Herr Ayuso, cogidos de la mano bajo el pupitre. Visto ahora, habiendo ya olvidado lo que nos quisieron enseñar y habiendo aprendido en cambio lo que no hubo más remedio que aprender, quizá lo mejor que sacamos de todo éso fue que prácticamente podemos escribir con ambas manos. Somos igual de ambidiestros; o quizá ella un poco más.
Alguna vez, estando de visita en casa de mi madre y sintiendo cierta melancolía de los tiempos de mi niñez, he tropezado con los libros de ejercicios del Deutsch für Junge Leute, o los Themen. Entre las preposiciones del dativo, entre aus, bei, mit, nach, von y zu hay unas notas que dicen: “En Marc és tonto”, o “la Marta ho és més”. Era nuestra torpe manera de decirnos que, a fin de cuentas, y muy a pesar nuestro, no sé si quizá un poco más ella o yo, nos queríamos.
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Hay una frase en éste cuento que me ha parecido enternecedora y que me ha catapultado a un tiempo que parece muy antiguo. Es en la escena en la que dejan el taxi y entran en el vestíbulo del edificio de apartamentos; Selena, graciosamente, “como [si fuera] la realeza de Hollywood de visita”, y Virginia con “la conciencia de su propia torpeza de suelas de goma [que] le daba un peligroso aire de principiante”. Ésa torpeza del cuerpo nuevo, de adaptarse a un envoltorio casi de adulto, cuando por dentro se está aún tan y tan verde, es lo que me ha hecho pensar en las niñas adorables. Quizá mejor pensar en las niñas de quince años desde la perspectiva que tenía uno en ésa edad, que de lo contrario podríamos vulnerar las leyes de cuatro estados sin salir del Barcelonès.
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Comment by cronopi
# Monday 26/Mar/07,
La meva també es deia Marta… :)
Pingback by pionentes! » Uncle Wiggily in Connecticut
# Thursday 29/Mar/07,
[…] Sigue Just before the war with the eskimos. Elija su camino:-|1|2|3|4|5|6|7|8|9|10|11|12|13|14|15|16|- Compartir és gaudir:These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages. […]
Comment by Marmota
# Tuesday 17/Apr/07,
Acabo d’entrar al blog i m’ha encantat aquest post. Felicitats!!!