El testigo I
“El viernes es mi cumpleaños”, dijo de repente, asomando su morocha cabeza entre las cajitas de remedios. “Entonces tenemos que hacer fiesta”, se oyó decir desde el fondo a la rubita flacucha.
Ahí nomás llegó el Gran Silencio.
Todos la miraron fijo hasta que el morocho volvió a decir, después de cuarenta segundos cortantes que le valieron a la flacucha para saber que había dicho algo que no tocaba: “nunca festejé mi cumpleaños, yo era testigo de Jehová”. >Forros
Otra tarde, una de sábado, mientras cumplían el turno y se tomaba el primer medio vaso de birra de su vida -“Con eso sólo ya le quedaron los ojos rojos y empezó a decir boludeces”, contó la rubita- sentenció tajante: “Yo no me hice, yo nací testigo de Jehová”.
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