pionentes!

Friday 27/Oct/06

El testigo I

“El viernes es mi cumpleaños”, dijo de repente, asomando su morocha cabeza entre las cajitas de remedios. “Entonces tenemos que hacer fiesta”, se oyó decir desde el fondo a la rubita flacucha.

Ahí nomás llegó el Gran Silencio.

Todos la miraron fijo hasta que el morocho volvió a decir, después de cuarenta segundos cortantes que le valieron a la flacucha para saber que había dicho algo que no tocaba: “nunca festejé mi cumpleaños, yo era testigo de Jehová”.

>Forros, chupetines y vaselina, ese es el regalito que le tienen preparado. La fiesta será el viernes a la noche. La organizan los de la farmacia en la casa de Coca. El, el testigo, les fue contando de a poco: se alborotó, fueron las hormonas. Se fue porque lo “volvió loco” una paraguaya. Se la tiró y desde entonces no ha parado. Se separó de la mujer y vinieron los conflictos con toda la familia porque los testigos son “corporativos al mango”.

Otra tarde, una de sábado, mientras cumplían el turno y se tomaba el primer medio vaso de birra de su vida -“Con eso sólo ya le quedaron los ojos rojos y empezó a decir boludeces”, contó la rubita- sentenció tajante: “Yo no me hice, yo nací testigo de Jehová”.

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