El Richmond
La paqueta cafetería Richmond de la calle Florida aparece como un transplante mal hecho dentro del caos de la peatonal, o como una manifestación de la más acérrima resistencia de la grandeza de otros tiempos. Casas de música, de ropa cara, de libros, de ropa barata, de baratijas de lo más diversas. Locales de alto nivel, tienditas improvisadas, vendedores ambulantes, todo se vende en Buenos Aires y la venta se potencia por la calle Florida, y si no compra “por lo menos unas monedas, señorita, por favor déme unas monedas”. Músicos callejeros, faquires posmodernos (salta encima de montones de vidrios el señor, y después grita autoritariamente que deben darle al menos cincuenta centavos). Las farmacias del Doctor Ahorro son otra novedad. El afiche gigante muestra dos píldoras, debajo dice, “son iguales”, y un poco más abajo, “pero no valen lo mismo. Ahorre hasta un 75%”. Leí en un diario hace un tiempo que el problema de los medicamentos adulterados implicaba en Argentina a un 40% de lo que hay en el mercado (los hay de tres tipos: los que llevan los mismos componentes que los originales pero truchan la marca, los que alteran los componentes y los que son inocuos, que no tienen nada de nada, ni lo que dicen ni ninguna otra cosa interesante). Las farmacias del Doctor Ahorro no sé de dónde salen, se vinculan al intento de vender genéricos y a la pelea con las grandes farmacéuticas; y ahora tratan de ganar la confianza de la gente.
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