El lamento del vampiro
Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois para mí alimento,
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamas de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.“Last night together” 1980
Leopoldo María Panero
Via el magnífico blog Los archivos de Justo Serna.
+info: el Drácula de Frigo en la web de la Sociedad Española de Estudios sobre Vampiros (CEEV) y la Societat per a la divulgació del folklore sobre vampirs.
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Comment by emma b
# Sunday 23/Oct/05,
Gracias a ti por leerme. Veo que le gusta Panero, tal vez esto le interes:
“Suave como el peligro, atravesastre un día
con tu mano imposible la medianoche quieta
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche entera pegado a tu cuerpo como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.”
Leopoldo Mª Panero.
Comment by el capitán
# Sunday 23/Oct/05,
Bonito, bonito… Al capitán le emociona pensar que lo transcribiese Ud. de memoria a altas horas de la noche, aunque la medianoche quieta antes fuera la frágil medianoche y que tenga que ser San Google quien le diga que se trata de A FRANCISCO, del libro “Last night together” 1980
Por cierto, no dejen de visitar A media voz, en la que hay algunos poemas de Leopoldo María Panero además de otras muchas cosas interesantes.
Comment by marc
# Sunday 23/Oct/05,
Ya que parece que va de vampiros, poetas y locos, no puede faltar un pequeño homenaje al gran y divino…
… ni un pequeño homenaje a la musa de los prerafaelitas, la modelo de la
Ophelia de Millais, tan maltratada por unos y otros y a la que, como a Berenice, no dejaron descansar en paz ni una vez muerta: al suicidarse victorianamente Elizabeth Siddal, su viudo, lleno de remordimientos, enterró en el ataúd también todos los poemas que él le había escrito; al cabo de unos años quiso publicarlos y tuvo que mandar exhumar a la pobre Lizzie: dicen que la bella caballera de ella no había cesado de crecer, y que su belleza se conservaba intacta; el manuscrito, en cambio, lo había perforado un gusano y tuvieron que recomponer algunos poemas. Al tal Dante Rossetti el fantasma de la exhumación y de la perenne belleza de su humillada esposa le persiguieron hasta su delirante muerte.
Comment by emma b
# Thursday 27/Oct/05,
como bien dice el capitán mi cita es de memoria nocturna. la verdad, prefiero la “medianoche quieta” a la “frágil medianoche”