También es mala pata. Tanto como me había costado decidirme y, cuando ayer finalmente me dije que sí, que me iba al Fòrum (porque acontecimientos de ese nivelazo sólo se viven una vez en la vida), pues resulta que ya se ha acabado. No es que no hubiese leído que se acababa; claro que lo había leído: lo había leído y lo había escuchado, en prensa, radio y televisión, como he leído y escuchado durante estos últimos meses todos y cada uno de los detalles de este evento singular, fuesen o no de importancia, porque de alguna forma había que llenar las páginas y los minutos que diarios y emisoras de radio y televisión han dedicado al Fòrum, cada día y con una lealtad digna de tan noble causa. Lo había leído y lo había oído pero, como paralelamente había leído y oído que comentaristas sesudos apuntaban la posibilidad de que lo prorrogasen -dado que los últimos días la afluencia de público ha sido tan y tan grande-, pues daba por descontado que sí, que lo alargarían unos días más, de sorpresa y aun habiendo celebrado la fiesta de clausura, para que la gente saltase de alegría y lo celebrase con champán y serpentinas: “¡Ole, ole!”. Por eso, ayer, en cuanto hube decidido ir al Fòrum, salí a la calle y en cuanto vi un taxi libre me metí dentro y le dije al taxista: “Buenos días, caballero, ¿sería usted tan amable de llevarme al Fòrum, por favor?”. Hubiera debido recelar de la mirada de través que el hombre me dirigió y no haber supuesto -erróneamente- que era consecuencia del hastío y de una jornada laboral demasiado tensa. Pero eso lo sé ahora: ahora sé que era la mirada de alguien que calibraba a qué caray debía ir yo al Fòrum, si ya estaba cerrado. Pero yo no me daba cuenta, ¡tan ilusionado estaba! Por eso, por esa ansia que tenía en lo más hondo de mi corazón, me supo tan mal llegar y encontrar que ya no había Fòrum, mecachis.
De bruces en el asfalto y con la cara entre las manos para esconder mis sollozos repasé mentalmente todo lo que por mi mala cabeza me he perdido. Me he perdido el gran piromusical. Ahí es nada. Me he perdido una exposición tan interesante como la de los guerreros esos de Xi´an. Suerte que, según he leído por ahí, la van a montar ahora en Caja Madrid. Me he perdido Veus,aquel montaje sobre las lenguas y tal y cual. Y los diálogos, a cuál más apasionante. Me he perdido valiosa información sobre el comercio justo, la reforma de la ONU, la democracia participativa, la solidaridad, la lucha por un mundo más justo y más sostenible, la conservación de la biodiversidad y el patrimonio intangible. Me he perdido las actuaciones del comité de sabios, previas a la inauguración y en pases privados.Me he perdido muestras de gastronomía de países y culturas de lo más diverso. Hubiese podido probar por primera vez cosas exóticas y novedosas como el cuscús, el arroz chino o los bocadillos de jamón. Me he perdido incluso aquella espléndida Carnabalona, que culminó con la actuación estelar de Carlinhos Brown, Joan Clos y su camiseta. Me he perdido el espectáculo Moure el món,que si cumplía lo prometido en su título, debía ser algo tremendo.Y el Festival del Mar, también me lo he perdido. Y las 141 preguntas. ¡Y la haima! ¡Dios mío, me he perdido para siempre la haima! Nunca podré decir a mis nietos: “¿Queréis, niños, que os explique otra vez cómo era la haima del Fòrum?”, para que ellos me digan: “¿Del qué? ¿Pero de qué tú hablas, mi abuelo?”
QUIM MONZÓ - 29/09/2004
La vanguardia
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